lunes, 7 de marzo de 2016

UN CURSO DE MILAGROS. 7 de Marzo. LECCIÓN 66



LECCIÓN 66

Mi función y mi felicidad son una.

1. Seguramente habrás notado que en nuestras lecciones más recientes hemos hecho hincapié en la conexión que existe entre desempeñar tu función y alcanzar la felicidad. 2Esto ha sido así porque realmente tú no ves la conexión. 3Sin embargo, se trata de algo más que una simple conexión: son una misma cosa. 4La manera en que cada una se manifiesta es distinta, pero el conte­nido es exactamente el mismo.

2. El ego está batallando constantemente con el Espíritu Santo en torno a la cuestión fundamental de cuál es tu función. 2También batalla con Él constantemente con respecto a qué es tu felicidad. 3No es ésta una batalla que tenga dos contendientes. 4El ego ataca y el Espíritu Santo no responde. 5Él sabe cuál es tu función. 6Él sabe que es tu felicidad.

3. Hoy intentaremos ir más allá de esta batalla completamente absurda y arribar a la verdad con respecto a tu función. 2No nos vamos a enfrascar en argumentos fútiles con respecto a lo que es tu función. 3No vamos a tratar inútilmente de definir lo que es la felicidad ni de determinar los medios para alcanzarla. 4No vamos a gratificar al ego escuchando sus ataques contra la verdad. 5Sen­cillamente nos alegraremos de que podemos descubrir lo que ésta es.

4. El propósito de la sesión de práctica larga de hoy es que acep­tes el hecho de que no sólo existe una conexión muy real entre la función que Dios te dio y tu felicidad, sino que ambas cosas son, de hecho, lo mismo. 2Dios te da únicamente felicidad. 3Por lo tanto, la función que Él te dio tiene que ser la felicidad, aunque parezca ser otra cosa. 4Los ejercicios de hoy son un intento de ir más allá de estas diferencias de aspecto y de reconocer un conte­nido común allí donde en verdad lo hay.

5. Comienza la sesión de práctica de diez o quince minutos refle­xionando sobre estos pensamientos:

2Dios me da únicamente felicidad. 3Él me ha dado mi función.
4Por lo tanto, mi función tiene que ser la felicidad.

5Trata de ver la lógica en esta secuencia, incluso si aún no aceptas la conclusión. 6Únicamente si los dos primeros pensamientos son erróneos, podría ser falsa la conclusión. 7Reflexionemos, enton­ces, por un rato sobre estas premisas según practicamos.

6. La primera premisa es que Dios te da únicamente felicidad. 2Esto, desde luego, podría ser falso, pero para que fuese falso sería preciso definir a Dios como algo que Él no es. 3El Amor no puede dispensar maldad, y lo que no es felicidad es maldad. 4Dios no puede dar lo que no tiene, ni puede tener lo que Él no es. 5Si Dios no te diese únicamente felicidad, ciertamente sería mal­vado. 6ésa es la definición que crees acerca de Él si no aceptas la primera premisa.

7. La segunda premisa afirma que Dios te ha dado tu función. 2Hemos visto que tu mente sólo tiene dos partes. 3Una de ellas la gobierna el ego y se compone de ilusiones. 4La otra es la morada del Espíritu Santo, donde reside la verdad. 5Sólo puedes escoger entre estos dos guías, y los únicos resultados que pueden proce­der de tu elección son el miedo que el ego siempre engendra o el amor que el Espíritu Santo siempre ofrece para reemplazarlo.

8. Así pues, o bien fue Dios Quien estableció tu función a través de Su Voz, o bien fue el ego, que tú inventaste para reemplazarlo a Él. 2¿Cuál de estas posibilidades es verdad? 3A menos que hubiese sido Dios Quien te dio tu función, ésta sólo podría ser un regalo del ego. 4Mas ¿qué regalos puede dar el ego, cuando él mismo es una ilusión y lo único que puede ofrecer son regalos ilusorios?

9. Piensa en esto durante tu sesión de práctica más larga de hoy. 2Piensa asimismo en las múltiples formas que tu ilusoria función ha adoptado en tu mente, y en las muchas maneras por las que, guiado por el ego, trataste de encontrar la salvación. 3¿La encon­traste? 4¿Te sentiste feliz? 5¿Te brindaron paz? 6Hoy necesitamos ser muy honestos. 7Recuerda objetivamente los resultados que lograste y examina si en algún momento fue razonable pensar que podías encontrar felicidad en nada que el ego jamás propu­siera. 8Con todo, la única alternativa para la Voz del Espíritu Santo es el ego.

10Prestarás oídos a la locura, o bien oirás la verdad. 2Trata de hacer tu elección mientras reflexionas sobre las premisas en las que se basa nuestra conclusión. 3Podemos concurrir con esta con­clusión, pero no con ninguna otra, toda vez que Dios Mismo concurre con nosotros al respecto. 4La idea de hoy es otro paso gigantesco hacia la percepción de lo que es lo mismo como lo mismo y de lo que es diferente como diferente. 5un lado están las ilusiones. 6Al otro, la verdad. 7Tratemos hoy de darnos cuenta de que sólo la verdad es verdad.

11. Para las sesiones de práctica más cortas, que hoy te resultarán muy beneficiosas si las llevas a cabo dos veces por hora, sugeri­mos la siguiente forma de aplicación:

2Mi función y mi felicidad son una porque Dios me dio las dos.

3No te tomará más de un minuto, y probablemente menos, repe­tir estas palabras lentamente y pensar en ellas por un rato mien­tras las dices.



AUDIO (en Ivoox) de Loran@ Galindo

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Ayuda para las lecciones:
de  Robert Perry  y Allen Watson


INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA 

LECCIÓN  66 -  7  MARZO

“Mi función y mi felicidad son una”

Propósito: Aceptar que tu felicidad y la función que Dios te ha dado no sólo están relacionadas sino que además son lo mismo, por muy diferentes que aparenten ser; y aceptar que no tienen nada que ver con todas las funciones que tu ego te ha dado. 

Ejercicios más largos: Una vez, de diez a quince minutos.

  • Pasa un rato reflexionando activamente en la lógica siguiente: “Dios me da únicamente felicidad (frase 1). Él me ha dado mi función (parte 2). Por lo tanto, mi función tiene que ser mi felicidad (conclusión). Fíjate en que la conclusión sigue a las frases anteriores; así que si las frases son ciertas, la conclusión tiene que serlo también.
  • Por lo tanto, piensa durante un rato en la primera frase (“Dios me da únicamente felicidad”). Utiliza el párrafo 6 como guía. Dice que, al final, tienes que aceptar la primera frase o aceptar que Dios es malvado.
  • Luego pasa un rato pensando en la segunda frase (“Él me ha dado mi función”). Utiliza los párrafos 7 y 8 como guía. Dicen que nuestra función nos la tiene que haber dado Dios o el ego, pero el ego no da regalos. Es una ilusión que ofrece la ilusión de regalos.
  • Después Pasa un rato pensando acerca de cómo tu vida refleja una lógica alternativa, que es algo así: “Mi ego me ha dado muchas funciones (piensa en algunas). Ninguna de ellas me ha dado felicidad (piensa en ello). Por lo tanto, mi ego nunca me da felicidad”.¿No es ésta una conclusión lógica? ¿No te hace esta conclusión querer elegir en su lugar la función que Dios te ha dado?
  • Finalmente, intenta poner esta reflexión en una aceptación de la conclusión (“Por lo tanto, mi función tiene que ser mi felicidad”). Usa la reflexión para llevarte al momento en que realmente comprendes y acepta la conclusión.

Observaciones: Esta lección es otro paso gigantesco (el primero fue la Lección 61), pero únicamente será un paso gigantesco para ti si realmente entregas tu mente a ello. Por lo tanto, hazlo así por tu propio bien. Dale a la sesión más larga toda tu concentración, y a las sesiones más cortas la frecuencia que se indica.

Recordatorios frecuentes: 2 por hora, de un minuto o algo menos.
Di: “Mi función y mi felicidad son una porque Dios me  dio las dos”. Repetir esto lentamente y pensando en ello hará que sea completamente diferente.

Comentario

Esta lección me parece interesante por el modo en que usa la lógica común, aplicada a ideas extraordinarias. Se espera que se pase el periodo de práctica más largo pensando en las frases de la lógica que se dan en el párrafo 5 (5:7 y 9:1). En otras palabras, la lección nos pide que examinemos mentalmente la lógica de sus propuestas. Está claro que el Curso le da una gran importancia a pensar y razonar. Está firmemente basado en la razón, y espera que sepamos usar esa facultad de nuestra mente. En este tipo de práctica me es muy útil escribir las ideas que me vienen mientras lo hago.

Hoy la idea central es una que ya hemos visto antes: la felicidad y mi función son, en esencia, lo mismo. Las dos ideas son muy sencillas, especialmente la primera: Dios me da únicamente felicidad Si Dios es un Dios que se merece mi lealtad, un Dios de amor, esto tiene que ser así. ¿Por qué seguir a un dios que hace desgraciado? Si Dios da tristeza, Él debe ser malvado (6:5). Y si Dios es malvado, mejor es que le abandone ahora, nunca encontraré la felicidad en las garras de un dios sádico, que da tristeza a sus creaciones.

Segundo, Dios me ha dado mi función. Esto es un poco menos claro. “Función” puede entenderse como “naturaleza”. En palabras sencillas, Dios me creó y, al hacerlo, definió lo que yo soy. Lo que yo soy define lo que hago. ¿Qué alternativa hay? Si Dios no me definió, ¿quién lo hizo? La única alternativa es el ego (8:3). O yo podría decir que yo me hice a mí mismo (lo que es lo mismo). Pero ¿cómo puede algo crearse a sí mismo? ¿Quién creó su poder de crear? ¿Es realmente posible que el ego me hiciera o me definiera? No. Por lo tanto, esta segunda idea debe ser verdad: Dios me ha dado mi función.

Ahora bien, si Dios me da únicamente felicidad, y Dios me ha dado mi función, ¿cuál es la conclusión lógica? Mi función tiene que ser la felicidad. Mi razón de ser es ser feliz. Llevar a cabo mi función es lo que me hace feliz.

Si pensamos en todas las maneras en que hemos intentado encontrar la felicidad siguiendo a nuestro ego -como se nos indica la lección- tenemos que admitir, si somos honestos, que ninguna de ellas ha funcionado, ninguna nos ha hecho feliz.

La lección está intentando traernos al punto donde hacemos una elección, la elección entre la locura y la verdad, entre escuchar al ego o al Espíritu Santo. Nos está pidiendo que nos demos cuenta de que todo lo que el ego nos dice es una mentira, y que sólo la verdad es verdadera, sólo lo que Dios nos ha dado tiene realidad.

Esta lección es el segundo paso gigantesco (10:4). El primero fue la Lección 61. Lo veremos de nuevo en las Lecciones 94, 130, 135, y 194. La Lección 61 nos dijo: “Yo soy la luz del mundo” que es “uno de los primeros pasos en aceptar tu verdadera función en la tierra… un paso gigantesco que te conducirá al lugar que te corresponde en la salvación” (L.61.3:2-3). Somos portadores de la luz, planeado por Dios para transmitir Su luz al universo: ésa es nuestra función. Aceptar eso es un paso gigantesco, un fuerte comienzo. Ahora se nos dice: “Mi función y mi felicidad son una”. La felicidad consiste en traer luz al mundo, ser la luz del mundo es cumplir nuestra función, y cumplir nuestra función es felicidad. 



domingo, 6 de marzo de 2016

UN CURSO DE MILAGROS. 6 de Marzo. LECCIÓN 65


LECCIÓN 65

Mi única función es la que Dios me dio.

1. La idea de hoy reafirma tu compromiso con la salvación. 2También te recuerda que no tienes ninguna otra función salvo ésa. 3Ambos pensamientos son obviamente necesarios para un com­promiso total. 4La salvación no podrá ser tu único propósito mien­tras sigas abrigando otros. 5Aceptar la salvación como tu única función entraña necesariamente dos fases: el reconocimiento de que la salvación es tu función, y la renuncia a todas las demás metas que tú mismo has inventado.

2. Ésta es la única manera en que puedes ocupar el lugar que te corresponde entre los salvadores del mundo. 2Ésta es la única manera en que puedes decir, y decirlo en serio: "Mi única función es la que Dios me dio". 3ésta es la única manera en que puedes encontrar paz.

3. Hoy, y durante los próximos días, reserva diez o quince minu­tos para una sesión de práctica más prolongada, en la que trates de entender y aceptar el verdadero significado de la idea de hoy. 2La idea de hoy te ofrece el que puedas escapar de todas las difi­cultades que percibes. 3Pone en tus manos la llave que abre la puerta de la paz, la cual tú mismo cerraste. 4Es la respuesta a la incesante búsqueda en la que has estado enfrascado desde los orígenes del tiempo.

4. Trata, en la medida de lo posible, de llevar a cabo las sesiones de práctica más largas a la misma hora todos los días. 2Trata asi­mismo, de fijar esa hora de antemano, y de adherirte luego al máximo al horario establecido. 3El propósito de esto es organizar tu día de tal manera que hayas reservado tiempo para Dios, así como para todos los propósitos y objetivos triviales que persi­gues. 4Esto es parte del entrenamiento a largo plazo que tu mente necesita para adquirir disciplina, de modo que el Espíritu Santo pueda valerse de ella de manera consistente para el propósito que comparte contigo.

5. En la sesión de práctica más prolongada, comienza repasando la idea de hoy. 2Luego cierra los ojos y repite la idea para tus adentros una vez más, observando tu mente con gran deteni­miento a fin de poder captar cualquier pensamiento que cruce por ella. 3Al principio, no trates de concentrarte exclusivamente en aquellos pensamientos que estén relacionados con la idea de hoy. 4Trata, más bien, de poner al descubierto cada pensamiento que surja para obstaculizarla. 5Toma nota de cada uno de ellos con el mayor desapego posible según se presente, y deséchalos uno por uno a medida que te dices a ti mismo:

6Este pensamiento refleja un objetivo que me está impi­diendo aceptar mi única función.

6. Después de un rato, te resultará más difícil poder detectar los pensamientos que causan interferencia. 2Sigue tratando, no obs­tante, durante un minuto más o menos, intentando detectar algu­nos de los pensamientos vanos que previamente eludieron tu atención, pero sin afanarte o esforzarte innecesariamente en ello. 3Luego repite para tus adentros:

4Que en esta tabla rasa quede escrita mi verdadera función.

5No es preciso que uses estas mismas palabras, pero trata de tener la sensación de que estás dispuesto a que tus propósitos ilusorios sean reemplazados por la verdad.

7. Finalmente, repite la idea de hoy una vez más y dedica el resto de la sesión de práctica a reflexionar sobre la importancia que dicha idea tiene para ti, el alivio que su aceptación te ha de brin­dar al resolver todos tus conflictos de una vez por todas, y lo mucho que realmente deseas la salvación, a pesar de tus absur­das ideas al contrario.

8En las sesiones de práctica más cortas, que deben hacerse por lo menos una vez por hora, usa el siguiente modelo al aplicar la idea de hoy:

2Mi única función es la que Dios me dio. 3No quiero nin­guna otra ni tengo ninguna otra.

4Cierra los ojos en algunas ocasiones al practicar esto, y en otras, manténlos abiertos mientras miras a tu alrededor. 5Lo que ahora ves será totalmente diferente cuando aceptes la idea de hoy sin reservas.



AUDIO (en Ivoox) de Loran@ Galindo


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Ayuda para las lecciones:
de  Robert Perry  y Allen Watson


INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA 

LECCIÓN  65   - 6  MARZO

“Mi única función es la que Dios me dio”


Propósito: Abandonar nuestras metas habituales, aunque sólo sea por un rato, para que así puedas poner toda tu atención en aceptar la función que Dios te dio como tu única función.

Ejercicios más largos: Una vez, de diez a quince minutos.

  • Repite la idea, luego cierra los ojos y repítela de nuevo.
  • Observa cuidadosamente tu mente, el paso de lo que consideras pensamientos normales. Observa cada uno con tranquilidad (como se te enseñó en lecciones anteriores) y di: “Este pensamiento refleja un objetivo que me está impidiendo aceptar mi única función”. Cuando empieces a quedarte sin pensamientos de ese tipo, intenta durante un minuto o así atrapar cualquier pensamiento que quede, aunque no hagas ningún esfuerzo por encontrarlos. La razón de esta fase es vaciar tu mente de tus metas y funciones habituales.
  • Luego di: “Que en esta tabla rasa quede escrita mi verdadera función”, o la misma idea con tus propias palabras. Estate dispuesto a que las metas que te has adjudicado a ti mismo sean reemplazadas por la de Dios.
  • Repite la idea de nuevo y pasa el resto de la sesión de práctica pensando acerca de la idea y dejando que te vengan pensamientos relacionados. Habiendo expulsado tus funciones habituales, ahora estás intentando “entender y aceptar” (3:1) tu verdadera función, para reflexionar activamente acerca de ella a fin de que se convierta en la tuya propia. Pon toda tu atención concretamente en la importancia y lo deseable de tu función, y la resolución y alivio que te ofrece. Cuando surjan pensamientos de distracción, te sugiero que los hagas desaparecer con la frase que acabamos de usar: “Este pensamiento refleja un objetivo…”

Observaciones: Cuando dice que necesitas elegir un horario para la sesión más larga de práctica, y que lo mantengas durante el día y durante los próximos días, eso puede sonar amenazador.  Sin embargo, tiene perfecto sentido. Estás empezando a entregar toda tu vida a tu verdadera función. Dedicarle un tiempo durante el día, un tiempo sólo para eso,  un tiempo que es como una roca firme en un río de objetivos sin importancia que no paran, es una estrella, un pie en el hogar. Si no puedes dejar que tu verdadera función ponga un pie en el hogar, ¿cómo puedes alcanzar el punto en el que le dedicas toda tu vida?  

Recordatorios frecuentes: Al menos uno por hora.

A veces usa la primera  de estas dos formas; otras, usa la segunda:

  • Cierra los ojos y di: “Mi única función es la que Dios me dio. No quiero ninguna otra ni tengo  ninguna otra”.
  • Mira a tu alrededor y di la misma frase, dándote cuenta de que lo que ves parecerá completamente diferente cuando aceptes de verdad lo que estás diciendo. (Sugiero que lo intentes ahora y veas el efecto que tiene sobre ti).

Comentario

De lo que me di cuenta cuando lo leí fue la última frase del primer párrafo:

“Aceptar la salvación como tu única función entraña necesariamente dos fases: el reconocimiento de que la salvación es tu función, y la renuncia a todas las demás metas que tú mismo has inventado”.   (1:5)

Algunos de nosotros todavía podemos estar teniendo problemas con la primera fase: reconocer la salvación como nuestra función. No es fácil. Decir: “Mi tarea es sanar y ser sanado” requiere un cambio fundamental en la mente para la mayoría. Vernos a nosotros mismos como la luz del mundo no es algo que nos llegue fácilmente. Por eso las lecciones anteriores han tratado ese hecho, y aparecerá de nuevo en lecciones posteriores.

Esta lección va más allá de reconocer que la salvación es nuestra función, añade el pensamiento de que es nuestra única función. Lo deja muy claro que para que esto sea así, todas las demás funciones deben ser abandonadas. Dios nos dio esta única función, y ninguna otra. Las otras nos las hemos inventado nosotros mismos, y cada función diferente compite en algún modo y le quita importancia a la que Dios nos dio.

A medida que transcurre el día, observo cómo mis “propósitos y objetivos triviales” (4:3) interfieren con la búsqueda de mi única función. Puedo observarlo en la práctica sencilla que se propone para los próximos días: reservar de diez a quince minutos para intentar entender y aceptar la idea del día. La lección me pide que me organice el día a fin de reservar este tiempo para Dios. Reservar estos quince minutos requerirá que deje a un lado otros propósitos durante esos minutos. Sacará el tema tratado en esta lección: el modo en que mis otros objetivos compiten con la función que Dios me ha dado.

En mi comprensión con el Curso, el asunto de reconocer mi verdadera función puede tener lugar muy pronto, lo que puede llevar más tiempo es el proceso de abandonar todos mis propósitos menores hasta que no tenga ningún otro que el de Dios. Al principio, no tenemos ni idea de los muchos propósitos competitivos que nos hemos asignado a nosotros mismos. Lleva tiempo descubrirlos y abandonarlos todos. Hoy es sólo el principio, pero cuanto más en serio me tome esta idea, más eficaz puede ser la práctica de hoy.       

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sábado, 5 de marzo de 2016

UN CURSO DE MILAGROS. 5 de Marzo. LECCIÓN 64


LECCIÓN 64


No dejes que me olvide de mi función.

1. La idea de hoy es simplemente otra manera de decir: "No me dejes caer en la tentación". 2El propósito del mundo que ves es nublar tu función de perdonar y proveerte de una justificación por haberte olvidado de ella. 3Es asimismo la tentación de aban­donar a Dios y a Su Hijo adquiriendo una apariencia física. 4Esto es lo que los ojos del cuerpo ven.

2. Nada de lo que los ojos del cuerpo parecen ver puede ser otra cosa que una forma de tentación, ya que ése fue el propósito del cuerpo en sí. 2Hemos aprendido, no obstante, que el Espíritu Santo tiene otro uso para todas las ilusiones que tú has forjado, y, por lo tanto, ve en ellas otro propósito. 3Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar en el que aprendes a perdonarte a ti mismo lo que consideras son tus pecados. 4De acuerdo con esta percepción, la apariencia física de la tentación se convierte en el reconocimiento espiritual de la salvación.

3. Al repasar nuestras últimas lecciones, vemos que tu función aquí es ser la luz del mundo, y que es una función que Dios Mismo te dio. 2La arrogancia del ego es lo único que te hace poner esto en duda, y el miedo del ego lo único que te induce a conside­rarte a ti mismo indigno de la tarea que Dios Mismo te enco­mendó. 3La salvación del mundo aguarda tu perdón porque a través de él el Hijo de Dios se libera de todas las ilusiones y, por ende, de toda tentación. 4El Hijo de Dios eres tú.

4. Sólo desempeñando la función que Dios te dio podrás ser feliz. 2Esto se debe a que tu función es ser feliz valiéndote de los medios mediante los cuales la felicidad se vuelve inevitable. 3No hay otra manera. 4Por lo tanto, cada vez que eliges entre si desempeñar o no tu función, estás en realidad eligiendo entre ser feliz o no serlo.

5. Recordemos esto hoy. 2Tengámoslo presente por la mañana, por la noche, y también a lo largo del día. 3Prepárate de antemano para todas las decisiones que tengas que tomar hoy, recordando que todas ellas son en realidad muy simples. 4Cada una te condu­cirá ya sea a la felicidad o a la infelicidad. 5¿Puede ser acaso difícil tomar una decisión tan simple? 6No permitas que la forma de la decisión te engañe. 7Complejidad en lo relativo a la forma no implica complejidad en lo relativo al contenido. 8Es imposible que el contenido de cualquier decisión aquí en la tierra se componga de cualquier otra cosa que no sea esta simple elección. 9Ésta es la única elección que el Espíritu Santo ve. 10Por lo tanto, es la única elección que existe.

6. Practiquemos hoy, pues, con estos pensamientos:

2No dejes que me olvide de mi función.
3No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía.
4Déjame perdonar y ser feliz.

5Por lo menos una vez hoy, dedica diez o quince minutos a refle­xionar acerca de esto con los ojos cerrados. 6Pensamientos afines acudirán en tu ayuda si recuerdas cuán crucial es tu función para ti y para el mundo.

7. En las aplicaciones frecuentes de la idea de hoy a lo largo del día, dedica varios minutos a repasar estos pensamientos y luego a pensar en ellos y en nada más. 2Esto te resultará difícil, sobre todo al principio, ya que aún no tienes la disciplina mental que ello requiere. 3Tal vez necesites repetir: "No dejes que me olvide de mi función" con bastante frecuencia para que te ayude a con­centrarte.

8Hoy se requieren dos variaciones de las sesiones de práctica más cortas. 2Haz los ejercicios con los ojos cerrados algunas veces, tratando de concentrarte en los pensamientos que estés usando. 3En otras, mantén los ojos abiertos una vez que hayas repasado los pensamientos, y luego mira a tu alrededor lenta e imparcialmente, repitiendo para tus adentros:

4Éste es el mundo que es mi función salvar.


AUDIO (en Ivoox) de Loran@ Galindo
 http://www.ivoox.com/lecciones-curso-milagros-64-audios-mp3_rf_3907755_1.html -----


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Ayuda para las lecciones:
de  Robert Perry  y Allen Watson


INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA 


LECCIÓN  64  -   5  MARZO

“No dejes que me olvide de mi función”


Propósito: Recordarte constantemente elegir tu felicidad para elegir cumplir tu función. Resistir la tentación de dejar que el mundo que ves borre tu función de tu consciencia.

Ejercicios más largos: Al menos uno, de diez a quince minutos.

  • Cierra los ojos y repite estos pensamientos: “No dejes que me olvide de mi función. No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía. Déjame perdonar y ser feliz”.
  • Luego haz de nuevo las prácticas recientes de reflexionar acerca de las frases. Piensa en ellas. Deja que vengan pensamientos relacionados (te ayudará recordar lo importante que es tu función para ti y para otros).  

Observaciones: Es fácil en periodos largos de reflexión como éste entrar en una fiesta de distracciones de la mente, por la sencilla razón de que “aún no tienes la disciplina mental que ello requiere” (7:2). Así que, estate a la caza de pensamientos sin importancia. Cuando se presenten, repite la idea (puedes incluso repetir las tres frases). Aunque tengas que hacerlo veinte veces, eso es mejor que dejar que tu mente flote sin rumbo por el país de la fantasía..

Recordatorios frecuentes: Muy a menudo, durante varios minutos.

   En diferentes ocasiones, usa una o la otra de estas prácticas:

  1. Una versión corta del ejercicio más largo. Repite: “No dejes que me olvide de mi función .No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía. Déjame perdonar y ser feliz”, y luego piensa sólo en ello.  Tu mente se distraerá; cuando lo haga, repite las ideas para traerla de vuelta a la práctica.
  2. Repite las mismas frases, luego mira lentamente a tu alrededor sin hacer ninguna selección, y di: “Éste es el mundo que es mi función salvar”.

Comentario

La Lección 62 dijo que el perdón es mi función, así pues, esta lección expresa mi decisión de no olvidar  para qué estoy aquí: para perdonar al mundo, llevándole paz a todas las mentes.

¿Qué hace que me olvide? El mundo en su totalidad. Todo lo que ven mis ojos es “una forma de tentación, ya que ése fue el propósito del cuerpo en sí” (2:1). El ego fabricó el mundo y el cuerpo con un propósito determinado:

  1. Ocultar mi función de perdonar.
  2. Justificar el olvido de mi función.
  3. Engatusarme para que abandone a Dios y a Su Hijo tomando forma en un cuerpo.

La continuidad del ego depende de mi identificación con la forma corporal. La maldad del mundo y la sensación de carencia del mundo a mi alrededor justifica el que yo esté dispuesto a perdonar. Mi relación con el mundo, convirtiéndole en el centro de mis metas e incluso de mi vida, obscurece mi verdadera función (en el Cielo: crear; aquí: perdonar). El plan del ego parece haber funcionado muy bien.

El sistema de pensamiento del Curso es bastante poco habitual y extremo. Como dice más tarde en el Libro de Ejercicios, la enseñanza del Curso es que: “El mundo se fabricó como un acto de agresión contra Dios” (L.pII.3.2:1). No fue creado por Dios sino fabricado por el ego para abandonar a Dios, tomando una forma física para ocultar nuestra realidad espiritual.

Me resulta difícil aceptar esta comprensión: no estoy solo (separado). El Curso se da cuenta de que ésta es una idea difícil. Pero cuando empiezo a darme cuenta del modo en que mi mente funciona, se hace más fácil de aceptar, porque empiezo a darme cuenta de la manera en que mi mente utiliza al mundo y usa todo lo que veo con los ojos para mantener la ilusión de separación. A medida que me inclino hacia el perdón, también descubro que algo en mi mente se resiste con uñas y dientes, intentando justificar mi negativa a perdonar, intentando que me olvide del perdón por completo. Y empiezo a reconocer que lo que el Curso está diciendo aquí tiene una curiosa semejanza con lo que está sucediendo dentro de mi mente. Entonces, quizá lo que dice es verdad, una verdad que yo me resisto a aceptar, pero que parece confirmada por mi propia experiencia.

Sin embargo, el Espíritu Santo tiene otro propósito para todo en este mundo. “Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar en el que aprendes a perdonarte a ti mismo lo que consideras son tus pecados” (2:3). Eso es lo que hacemos cuando perdonamos a “otros”.  Cumplir tu función es lo que te hace feliz (¡Yo puedo dar testimonio de ello!).

Es interesante la relación entre perdón y felicidad. Si piensas en ello por un momento, te darás cuenta de que cuando te niegas a perdonar, te sientes fatal. Por ejemplo decir: “No me siento feliz por el modo en que te comportas en nuestra relación” es lo mismo que decir; “Te he juzgado y fallas en algo”. Perdonar a alguien es ser feliz con él. Perdonar significa abandonar tus excusas para ser desgraciado” Cuando perdonas, “la felicidad se vuelve inevitable” (4:2). Y “no hay otra manera” (4:3). El no perdonar es precisamente una elección de continuar siendo desgraciado, sin el perdón no puedes ser verdaderamente feliz. Ése es el razonamiento de esta afirmación: “Por lo tanto, cada vez que eliges entre desempeñar o no tu función, estás en realidad eligiendo entre ser feliz o no serlo” (4:4).

Luego la lección sigue y señala que cada decisión que tomamos en un día puede resumirse a esta simple elección: ¿Quiero ser feliz o desgraciado? Cuando puedas empezar a ver desde esta perspectiva tus decisiones en la vida, la elección es muy sencilla. ¿Quién elegiría a sabiendas ser desgraciado? Cuando empieces a darte cuenta de que eso es lo que estás eligiendo, empiezas a entender por qué el Curso se refiere a nosotros como “dementes”.

“No dejes que me olvide de mi función.
No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía
Déjame perdonar y ser feliz”. (6:2-4)

Intentemos acordarnos de hacer la práctica hoy. (Tengo que confesar que he estado escatimando la práctica).  Una cosa en la que hay que fijarse es en la sesión de práctica de diez a quince minutos que se pide hoy, eso es algo nuevo. Intenta hacerle un hueco.