lunes, 4 de febrero de 2019

UN CURSO DE MILAGROS. 4 de Febrero. LECCIÓN 35



LECCIÓN 35 

Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo.

1. La idea de hoy no describe la manera como te ves a ti mismo ahora. 2Describe, no obstante, lo que la visión te mostrará. 3A todo aquel que cree estar en este mundo le resulta muy difícil creer esto de sí mismo. 4Sin embargo, la razón por la que cree estar en este mundo es porque no lo cree.

2. Crees que formas parte del lugar donde piensas que estás. 2Eso se debe a que te rodeas del medio ambiente que deseas. 3Y lo deseas para proteger la imagen que has forjado de ti mismo. 4La imagen también forma parte de ese medio ambiente. 5Lo que ves mientras crees estar en él, lo ves a través de los ojos de la imagen. 6Eso no es visión. 7Las imágenes no pueden ver.

3. La idea de hoy presenta una perspectiva de ti muy diferente. 2Al establecer tu Origen establece también tu Identidad, y te des­cribe como realmente debes ser en verdad. 3La manera en que vamos a aplicar la idea de hoy es ligeramente diferente, ya que el énfasis recae hoy en el que percibe en vez de en lo que éste per­cibe.

4. Comienza cada una de las tres sesiones de práctica de hoy de cinco minutos cada una repitiendo la idea para tus adentros, luego cierra los ojos y escudriña tu mente en busca de los diver­sos términos descriptivos que te adjudicas a ti mismo. 2Incluye todos los atributos basados en el ego que te adscribes, sean positi­vos o negativos, deseables o indeseables, halagadores o deni­grantes. 3Todos son igualmente irreales porque en ellos no te ves a ti mismo con los ojos de la santidad.

5. En la primera parte del período de búsqueda mental, proba­blemente pondrás mayor énfasis en lo que consideres son los aspectos más negativos de tu auto-percepción. 2Hacia el final del ejercicio, no obstante, es probable que lo que te venga a la mente sean los términos descriptivos más auto-engrandecedores. 3Trata de reconocer que no importa en qué dirección se inclinen las fan­tasías que albergas acerca de ti mismo. 4En realidad, las fantasías no se inclinan en ninguna dirección. 5Simplemente no son verda­deras.

6. Una lista adecuada para la aplicación de la idea de hoy, la cual no ha sido seleccionada conscientemente, podría ser:

2Me veo a mí mismo como alguien del que otros abusan.
3Me veo a mí mismo como alguien que está deprimido.
4Me veo a mí mismo como un fracaso.
5Me veo a mí mismo como alguien que está en peligro.
6Me veo a mí mismo como un inútil.
7Me veo a mí mismo como un vencedor.
8Me veo a mí mismo como un perdedor.
9Me veo a mí mismo como una persona caritativa.
10Me veo a mí mismo como una persona virtuosa.

7. No debes pensar acerca de estos términos de manera abstracta. 2Se te ocurrirán a medida que te vengan a la mente diversas per­sonalidades, situaciones o acontecimientos en los que tú figuras. 3Escoge cualquier situación en particular que se te ocurra, identi­fica el término o términos descriptivos que consideres pertinen­tes a tus reacciones a esa situación, y úsalos para aplicar la idea de hoy. 4Después que hayas nombrado cada uno de ellos, añade:

5Pero mi mente es parte de la de Dios. 6Soy muy santo.

8. Durante las sesiones de práctica más largas probablemente habrá intervalos en los que no se te ocurra nada en particular. 2No te esfuerces en pensar cosas concretas para ocupar dichos intervalos, sino simplemente relájate y repite la idea de hoy len­tamente hasta que se te ocurra algo. 3Si bien no debes omitir nada de lo que se te ocurra durante los ejercicios, no se debe "sacar" nada a la fuerza. 4No se debe usar ni fuerza ni discriminación.

9. Tan a menudo como sea posible en el transcurso del día, aplica la idea de hoy a cada atributo o atributos que te estés adjudi­cando en ese momento, añadiendo la idea en la forma indicada más arriba. 2Si no se te ocurre nada en particular, repite simple­mente la idea en tu interior con los ojos cerrados.


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Ayuda para las lecciones:
de  Robert Perry  y Allen Watson


INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA

LECCIÓN 35 – 4 FEBRERO

“Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo”


Propósito: Mostrarte quién eres. Te ves a ti mismo según el lugar que ocupas en tu entorno. Puesto que crees que eres parte del mundo físico, ves tu identidad determinada por la parte que juegas en él, por cómo te comportas en las situaciones del mundo. Sin embargo, tu verdadero entorno no está en este mundo, está en la mente de Dios. Tu lugar ahí es lo que determina tu verdadera Identidad. Si de verdad creyeras que eres parte de ese entorno, de inmediato entenderías que eres santo.

Ejercicios más largos: 3 veces, duración de cinco minutos.
Repite la idea, luego cierra los ojos. Busca en tu mente las palabras con las que te describes a ti mismo, positivas o negativas (no hagas distinciones). Búscalas encontrando situaciones concretas que te ocurren  e identificando la palabra que piensas que te describe en esa situación. Di: “Me veo a mi mismo como (un fracaso, impotente, caritativo, etc.)”. Después de cada una, añade: “Pero mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo”. Si después de un rato no se te ocurre ninguna palabra, no te esfuerces en rebuscar más. Relájate y repite la idea hasta que se te ocurra otra palabra. Para las instrucciones completas, ver los párrafos 4-8.  

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible.
Esta práctica puede tener una de estas dos formas:

  1. Date cuenta de los atributos que te estás aplicando a ti mismo en la situación actual y utilízalos en la fórmula que has utilizado en los ejercicios más largos (“Me veo a mí mismo como… Pero mi mente es…”).
  2. Si no se te ocurre ningún atributo, simplemente repite la idea lentamente con los ojos cerrados.

Comentario

El Texto nos dice “no entiendes cuán elevada es la percepción que el Espíritu Santo tiene de ti” (T.9.VII.4:2). La siguiente sección del mismo capítulo dice:

“Tú no estableciste tu valía, y ésta no necesita defensa. Nada puede atacarla ni prevalecer contra ella. No varía. Simplemente es. Pregúntale al Espíritu Santo cuál es tu valía y Él te lo dirá, pero no tengas miedo de Su respuesta, pues procede de Dios. Es una respuesta exaltada por razón de su Origen, y como el Origen es verdad, la respuesta lo es también. Escucha y no pongas en duda lo que oigas, pues Dios nunca engaña. Él quiere que reemplaces la creencia del ego en la pequeñez por Su Propia Respuesta exaltada a lo que tú eres, de modo que puedas dejar de ponerla en duda y la conozcas tal como es”. (T.9.VIII.11:2-9).


Como la lección señala, normalmente no pensamos en nosotros como “elevados” o “exaltados”. Sin embargo, fíjate en que el Curso dice que esto es verdad no por algo que hayamos hecho sino por causa de nuestra Fuente (3:2). Lo que hace que seamos lo que en verdad somos se debe a Dios, no a nosotros. Por eso el Curso da tanta importancia a la idea “Soy tal como Dios me creó”. Nuestra pobre opinión sobre nosotros mismos procede de nuestros intentos de crearnos a nosotros mismos; nuestra verdadera grandeza procede del hecho de que somos creaciones de Dios. Nuestro rechazo a reconocer esta conexión con nuestra Fuente es lo que nos mantiene encerrados en nuestra pequeñez. Nos negamos a reconocer a Dios como nuestra Fuente porque a nuestro ego le parece que nos quita importancia y nos hace dependientes. No nos hace dependientes, dependemos de Dios. Eso no es una vergüenza, ésa es nuestra gloria. Es lo que establece nuestra grandeza.

Nos cuesta creer que “Soy muy santo”. Nuestro rechazo a creer este hecho es la razón por la que estamos en este mundo, en este medio ambiente en el que creemos desear. Lo deseamos porque apoya la imagen de que somos seres separados, independientes de Dios.

Cuando miramos al mundo, y nos miramos a nosotros viviendo en el mundo, las cosas que vemos no apoyan la idea de esta lección. Pero los ojos, los oídos, el olfato y el tacto, que usamos para recoger información, son ellos mismos parte del mismo mundo que están examinando. Existen dentro de las limitaciones de la imagen del mundo, que hemos diseñado intencionadamente paraocultarnos a nosotros mismos nuestra unión con Dios. Por supuesto que no nos traen ninguna evidencia que contradiga la imagen que el ego tiene de nosotros. Los hicimos para que funcionasen de ese modo.

El Curso da mucha importancia a que miremos a nuestra oscuridad y a que nos enfrentemos a nuestros miedos. El Curso dice que cuanto más miremos al miedo, menos lo veremos. Sólo con llevar la oscuridad a la luz, desaparece la oscuridad. Mirar de frente al ego e incluso investigar nuestro odio en toda su extensión, es importantísimo para nuestro crecimiento. Esta lección refleja el otro aspecto, que se abandona a veces cuando le damos excesiva importancia a mirar al ego. El otro aspecto es recordarnos firmemente a nosotros mismos de la verdad de nuestra realidad exaltada: “Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo”. En el Texto se nos dice:

Siempre que pongas en duda tu valor, di:
Dios Mismo está incompleto sin mí.
Recuerda esto cuando el ego te hable, y no le oirás.   (T.9.VII.8:1-3)

Recordarnos a nosotros mismos la verdad es otra técnica muy poderosa que el Curso recomienda para transcender nuestro ego.

La lista de cualidades y términos a usar para describirnos a nosotros mismos es sólo un ejemplo. Al practicar hoy la lección, intenta hacerte consciente de lo que piensas de ti mismo, y cómo todos esos pensamientos (buenos y malos) son distintos de la afirmación de la lección sobre ti. Podría añadir a la lista algunos de mis propios términos: olvidadizo, desorganizado, inteligente, listo, rezagado, habilidoso en lo que hago. ¿Qué términos se te ocurren a ti?

Te habrás dado cuenta de que ahora las lecciones piden tres periodos más largos de práctica, de cinco minutos cada uno. Estamos entrando en una práctica más fuerte. Si no hemos meditado antes, puede resultarnos difícil hacer estos ejercicios sentados durante cinco minutos con los ojos cerrados. De todos modos, te animo a que los hagas. Cualquier cosa nueva es difícil al principio, pero con la práctica se vuelve más fácil; para eso es la práctica.

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domingo, 3 de febrero de 2019

UN CURSO DE MILAGROS. 3 de Febrero. LECCIÓN 34


LECCIÓN 34 

Podría ver paz en lugar de esto

1. La idea de hoy comienza a describir las condiciones que preva­lecen en la otra manera de ver. 2La paz mental es claramente una cuestión interna. 3Tiene que empezar con tus propios pensamien­tos, y luego extenderse hacia afuera. 4Es de tu paz mental de donde nace una percepción pacifica del mundo.

2. Para los ejercicios de hoy se requieren tres sesiones de práctica largas. 2Se aconseja que lleves a cabo una por la mañana y otra por la noche, con una tercera adicional a intercalarse entremedias en el momento que parezca más conducente a ello. 3Todas las sesiones deben hacerse con los ojos cerrados. 4Es a tu mundo interno al que deben dirigirse las aplicaciones de la idea de hoy.

3. Para cada una de estas sesiones largas se requieren alrededor de cinco minutos de búsqueda mental. 2Escudriña tu mente en busca de pensamientos de temor, situaciones que provoquen ansiedad, personas o acontecimientos "ofensivos", o cualquier otra cosa sobre la que estés abrigando pensamientos no amorosos. 3A medida que cada uno de estos pensamientos surja en tu mente, obsérvalo relajadamente, repitiendo la idea de hoy muy despacio, y luego haz lo mismo con el siguiente.

4. Si comienza a resultarte difícil pensar en temas específicos, con­tinúa repitiendo la idea para tus adentros sin prisas y sin aplicarla a nada en particular. 2Asegúrate, no obstante, de no excluir nada específicamente.

5. Las aplicaciones cortas deben ser frecuentes, y hacerse siempre que sientas que de alguna forma tu paz mental se está viendo amenazada. 2El propósito de esto es protegerte de la tentación a lo largo del día. 3Si se presentase alguna forma específica de ten­tación en tu conciencia, el ejercicio deberá hacerse de esta forma:

4Podría ver paz en esta situación en lugar de lo que ahora veo en ella.

6. Si los ataques a tu paz mental se manifiestan en forma de emo­ciones adversas más generalizadas, tales como depresión, ansie­dad o preocupación, usa la idea en su forma original.2Si ves que necesitas aplicar la idea de hoy más de una vez para que te ayude a cambiar de parecer con respecto a alguna situación determi­nada, trata de dedicar varios minutos a repetirla hasta que sien­tas una sensación de alivio. 3Te ayudará si te dices a ti mismo lo siguiente:

4Puedo sustituir mis sentimientos de depresión, ansie­dad o preocupación [o mis pensamientos acerca de esta situación, persona o acontecimiento] por paz.


AUDIO (en Ivoox) de Loran@ Galindo
http://www.ivoox.com/lecciones-curso-milagros-34-audios-mp3_rf_3905383_1.html

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Ayuda para las lecciones:
de  Robert Perry  y Allen Watson

INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA

LECCIÓN 34 – 3 FEBRERO

“Podría ver paz en lugar de esto”

Propósito: Empezar a experimentar la paz que caracteriza a la verdadera visión.

Ejercicios más largos: 3 sesiones de cinco minutos: mañana, noche y otra entre medias.

Cierra los ojos y busca en tu mente situaciones, personalidades o acontecimientos que “te molestan” (una típica tríada en el Libro de Ejercicios). Repite la idea lentamente, mientras observas desapasionadamente la corriente de disgustos pasar. Después de un par de minutos  puede que no se te ocurran disgustos. Eso es normal. Simplemente sigue repitiendo la idea lentamente hasta que hayan transcurrido los cinco minutos.

Respuesta a la tentación: Hoy no dejes de observar tu mente en busca de disgustos. Cuando notes uno, aplícale la idea. Hay dos formas de disgusto a los que hay que estar atento por si aparecen, cada uno requiere una forma de práctica  ligeramente diferente:

  1. Si te sientes disgustado por alguna situación concreta, aplícale la idea concretamente: “Podría ver paz en esta situación en lugar de lo que ahora veo en ella”.
  2. Si tu disgusto no está relacionado con nada en particular, sino que es un estado de ánimo disgustado, simplemente repite la idea.

Observaciones: Las frases finales de esta lección se ocupan de un punto muy importante, y que es útil recordar a lo largo del Libro de Ejercicios y después. Repetir la idea sólo una vez puede que no cure tu disgusto. Tu disgusto puede desaparecer sólo después de que hayas pasado varios minutos repitiendo la idea. Repetir la misma línea una y otra vez puede sonar a una especie de lavado de cerebro, en el que martilleas tu mente con sumisión. Sin embargo, yo encuentro que este ejercicio no adormece mi mente sino que la ilumina. Si mis sentimientos son muy fuertes, las primeras repeticiones de la idea pueden simplemente rebotar. Pero si sigo con ella, cada repetición permite que la verdad penetre un poco más hondo en mi mente hasta que finalmente vea la situación de manera completamente diferente. Por lo tanto, te animo a que de verdad intentes esta forma de práctica más larga.

Comentario

El pensamiento más útil que he oído en relación con esta lección es: “Fíjate en que dice: Podría ver paz”, y no debería ver paz”. Es facilísimo utilizar esta lección como otra razón para la culpa. “¡Qué malvado soy! Debería ver paz, pero en lugar de ello veo este fastidio. ¿Qué me pasa?”. No es así como se pide que practiques esta lección.

El primer párrafo contiene un resumen maravilloso del sistema de pensamiento del Curso sobre la paz:

La paz mental es claramente una cuestión interna. Tiene que empezar con tus propios pensamientos, y luego extenderse hacia fuera. Es de tu paz mental de donde nace una percepción pacífica del mundo. (1:2-4)

La paz es la motivación para hacer el Curso (T.24.In.1:1). Nuestro objetivo es lo que en una parte posterior del Libro de Ejercicios se llama “una mente en paz consigo misma” (L.p.II.8.3:4). La paz tiene que empezar con nuestros pensamientos y extenderse hacia fuera desde nuestra mente. La mente es el centro de atención del Curso.

Podemos sustituir nuestros sentimientos negativos y nuestros pensamientos no amorosos  por paz. Tenemos ese poder. Podemos elegir paz si queremos paz. Fíjate en que las instrucciones de la práctica para aplicar la lección  a “emociones adversas” (6:1) sugieren que apliquemos la idea “hasta que sientas alguna sensación de alivio” (6:2). Se pretende que esta práctica tenga efectos que puedan sentirse.

A veces incluso en situaciones extremadamente molestas, he descubierto que  repetir estas palabras: “Podría ver paz en lugar de esto” tiene un efecto totalmente calmante sobre mi mente, aunque en ese mismo momento yo no pueda ver paz. De un modo muy sutil, ayuda a convencer a mi mente de que las cosas horribles que estoy viendo no son tan sólidas como una roca, no son la realidad inmutable. Estoy viendo otra cosa que no es paz, pero si realmente pudiese ver paz en lugar de eso, entonces lo que estoy viendo no debe ser tan real como yo pienso, y debe haber algo más que yo no estoy viendo. Incluso ese nivel de alivio se merece el tiempo que requiere la práctica.

Solía creer que cuando sucedían situaciones molestas, tenía que arreglar la situación  y cambiar cosas a mi alrededor para estar en paz. Con la práctica de esta lección, he aprendido que puedo responder a cualquier situación mucho más eficazmente si antes mi mente está en paz. He descubierto que puedo traer mi mente a la paz aunque no haya “solucionado” los problemas. Verdaderamente es posible ver paz en lugar de cualquier cosa que parezca estar disgustándome. Y cuando lo hago, cuando traigo paz a mi mente, si se necesita una respuesta, actúo con calma y sin miedo. El pánico no conduce nunca a una acción provechosa; es mejor buscar primero la paz y luego actuar.

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sábado, 2 de febrero de 2019

UN CURSO DE MILAGROS. 2 de Febrero. LECCIÓN 33


LECCIÓN 33  

Hay otra manera de ver el mundo

1. Lo que se intenta con la idea de hoy es que reconozcas que puedes cambiar tu percepción del mundo tanto en su aspecto externo como en el interno. 2Deben dedicarse cinco minutos com­pletos a la sesión de práctica de por la mañana, así como a la de por la noche. 3En estas sesiones debes repetir la idea tan a menudo como te resulte cómodo, aunque es esencial que las aplicaciones no sean apresuradas. 4Alterna tu examen entre tus percepciones externas e internas, de tal forma que el cambio de unas a otras no sea abrupto.

2. Mira simplemente de pasada al mundo que percibes como externo a ti. aLuego cierra los ojos y examina tus pensamientos internos de la misma manera. 2Trata de ser igualmente desape­gado con ambos, y de mantener ese desapego cuando repitas la idea en el transcurso del día.

3. Las sesiones de práctica más cortas se deben hacer tan frecuen­temente como sea posible. 2La idea de hoy debe aplicarse tam­bién de inmediato, de surgir cualquier situación que te tiente a sentirte perturbado. 3En estas aplicaciones, di:

4Hay otra manera de ver esto.

4. Recuerda aplicar la idea de hoy en el momento en que notes cualquier molestia. 2Quizá sea necesario sentarte en silencio un minuto más o menos y repetir la idea para tus adentros varias veces. 3Cerrar los ojos probablemente te ayudará en este tipo de aplicación.


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Ayuda para las lecciones:
de  Robert Perry  y Allen Watson

INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA

LECCIÓN 33 – 2 FEBRERO

“Hay otra manera de ver el mundo”

Propósito: Enseñarte que tienes el poder de cambiar tu percepción tanto del mundo externo como del mundo interno, que son en realidad lo mismo.

Ejercicios más largos: 2 veces, por la mañana y por la noche, durante cinco minutos completos.
Mira de pasada alrededor de tu mundo externo, cierra los ojos y observa tu mundo interno. Mientras lo haces repite la idea sin prisa. Mira al mundo externo y al interno con la misma tranquilidad, sin involucrarte, con desapego, de modo que el cambio entre ellos sea suave.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como puedas.
Repite la idea. Intenta estar tan desapegado como durante los ejercicios más largos.

Respuesta a la tentación: Tan pronto como una situación te moleste.
Cuando te sientas disgustado, aplica la idea concretamente, diciendo: “Hay otra manera de ver esto”. Haz esto inmediatamente, en lugar de esperar hasta que hayas intentado solucionar las cosas afuera. Si tus sentimientos no desaparecen, no abandones. Pasa un minuto o más repitiendo la frase una y otra vez, cerrando los ojos y concentrándote en las palabras que estás diciendo.

Comentario

Esta lección afirma el poder de nuestra mente de elegir el modo de ver el mundo. ¡Podemos cambiar nuestra percepción del mundo! (1:1). Ésa es una idea que no sólo nos da poder personalmente, sino que además nos da una comprensión que literalmente cambia el mundo.

Al empezar a observar nuestros pensamientos, nos asombrará el número de situaciones en las que la idea de “otro modo de contemplar” no se nos había ocurrido, hemos asumido que el modo en que vemos las cosas es tal como las cosas son realmente. Con algunas cosas, la idea de que podemos verlas de manera diferente, puede ser ofensiva realmente. Sin darnos cuenta podemos estar diciendo: “Mi mente ya lo tiene claro, no me confundas con hechos”.

Por eso es tan importante seguir las instrucciones para la práctica que se dan en las lecciones. El beneficio completo no llega sólo de los periodos más largos de cinco minutos, de la mañana y de la noche: “Las sesiones de práctica más cortas se deben hacer tan frecuentemente como sea posible” (3:1). Durante el día, cuanto más a menudo traigamos a nuestra consciencia esta idea, más conscientes nos volveremos de las clases de pensamientos que estamos evitando cambiar.
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viernes, 1 de febrero de 2019

UN CURSO DE MILAGROS. 1 de Febrero. LECCIÓN 32


LECCIÓN 32 

He inventado el mundo que veo

1. Continuamos hoy desarrollando el tema de causa y efecto. 2No eres víctima del mundo que ves porque tú mismo lo inventaste. 3Puedes renunciar a él con la misma facilidad con la que lo cons­truiste. 4Lo verás o no lo verás, tal como desees. 5Mientras desees verlo, lo verás; cuando ya no lo desees ver, no estará ahí para que lo puedas ver.

2. La idea de hoy, al igual que las anteriores, es aplicable tanto a tu mundo interno como al externo, que en realidad son lo mismo. 2Sin embargo, puesto que los consideras diferentes, las sesiones de práctica de hoy tendrán una vez más dos fases: una dedicada al mundo que ves fuera de ti, y la otra, al que ves en tu mente. 3Trata de introducir en los ejercicios de hoy el pensamiento de que ambos se encuentran en tu propia imaginación.

3. Una vez más, comenzaremos la sesión de práctica de por la mañana y la de por la noche repitiendo la idea de hoy dos o tres veces mientras miras a tu alrededor al mundo que consideras como externo a ti. 2Luego cierra los ojos y mira tu mundo interno. 3Procura tratarlos a ambos con la mayor igualdad posible. 4Repite la idea de hoy sin ningún apresuramiento y tan a menudo como desees mientras observas las imágenes que tu imaginación le pre­senta a tu conciencia.

4. Se recomiendan de tres a cinco minutos para las dos sesiones de práctica más largas, siendo tres el mínimo requerido. 2Si notas que hacer los ejercicios te relaja, los puedes alargar a más de cinco minutos. 3Para facilitar esa relajación, escoge un momento en el que no preveas muchas distracciones, y en el que te sientas razonablemente preparado.

5. Estos ejercicios se deben seguir haciendo asimismo a lo largo del día tan a menudo como sea posible. 2Las aplicaciones más cortas consisten en lentas repeticiones de la idea según exploras tu mundo externo o tu mundo interno. 3No importa cuál de ellos elijas.

6. La idea de hoy también debe aplicarse inmediatamente a cual­quier situación que te pueda perturbar. 2Aplícala diciéndote a ti mismo:

3He inventado esta situación tal como la veo.


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Ayuda para las lecciones:
de  Robert Perry  y Allen Watson


INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA

LECCIÓN 32 – 1 FEBRERO

“He inventado el mundo que veo”

Propósito: Enseñarte que no eres el efecto del mundo, el mundo es el efecto tuyo.

Ejercicios más largos: 2 veces, mañana y noche, de tres a cinco minutos de duración por lo menos.

Como con la lección de ayer, repite la idea dos o tres veces mientras miras a tu alrededor lentamente. Luego cierra los ojos y aplícala a las imágenes que surjan en tu mundo interno. Permanece desapegado recordándote a ti mismo que tanto el mundo externo como el interno son imaginarios.

Observaciones: El consejo en 4:3 sobre cuándo practicar se repite en formas diferentes varias veces en el Libro de Ejercicios. Para más detalles, ver “¿Cuándo Deberías Tomar tu Tiempo de Quietud por la Mañana?”. Siguiendo el consejo del Libro de Ejercicios esto mejorará la calidad de tu práctica, de modo que puede que quieras hacer más de cinco minutos, como con la lección de hoy.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible.
Repite la idea lentamente mientras miras a tu mundo exterior o interior.

Respuesta a la tentación: Siempre que una situación te disguste.
Inmediatamente responde con: “He inventado esta situación tal como la veo”.

Comentario

Si no soy víctima del mundo, entonces ¿cuál es mi relación con el mundo? Yo he inventado el mundo. Si yo he inventado el mundo, si yo lo he fabricado ¿cómo puedo ser su víctima?

Ahora bien, decir que yo he inventado el mundo es una idea muy fuerte. Decir que lo puedo abandonar igual que lo hice, parece todavía más improbable. Sin embargo, eso es lo que la práctica del Libro de Ejercicios se propone demostrarnos, no mediante la lógica rigurosa sino a través de experiencias que demuestran que es verdad. Eso es lo que son los milagros. Los milagros demuestran que “el mundo que ves fuera de ti” y “el mundo que ves en tu mente” están “ambos… en tu propia imaginación” (2:2-3).

Esta lección sólo está introduciendo la idea, no intentando probarla. El Texto trata el mismo pensamiento en varios lugares (T.21.II.11:1; T.20.III.5:1-5), la más destacable de ellas es:

¿Qué pasaría si reconocieses que este mundo es tan sólo una alucinación? ¿O si realmente entendieses que fuiste tú quien lo inventó?   (T.20.VIII.7:3-4).

Ésta no es una idea que puedas pasar por alto fácilmente si estudias el Curso; el Curso insiste en ella (L.132.6:2-3).

Todo lo que aquí se nos pide es que abramos nuestra mente a la idea de que nosotros hemos inventado el mundo que vemos. El concepto puede ocasionarnos confusión porque va en contra de nuestras creencias fundamentales sobre el mundo. El mundo tiene algunas cosas agradables, pero también contiene un montón de horrible basura. Y que se nos diga que somos responsables de ello, que nosotros lo inventamos, no encaja fácilmente en nuestra mente.

Si esta lección provoca todo tipo de preguntas en tu mente, bien; deja que surjan. Hoy, en los periodos de práctica, simplemente aplica la idea tal como se da. Es normal que parte de tu mente esté en el fondo diciendo: “Esto son bobadas. Realmente no me lo creo”. La Introducción ya nos avisó de que podríamos resistirnos vivamente a sus ideas. Decía: 

       Sean cuales sean tus reacciones hacia ellas, úsalas. No se requiere nada más. (L.In.9:2-5).

Puede resultar difícil al principio, pero sólo tenemos dos opciones: o bien yo inventé el mundo, o bien yo soy su víctima. O yo soy su causa, o su efecto. No hay otras posibilidades. Piénsalo. O soy el soñador inventándome todo este lío, o soy parte del sueño de otro (quizá del sueño de Dios). Si yo no soy la causa, entonces estoy a merced del mundo. Pero si yo soy la causa, ¡hay esperanza! Puedo cambiar el sueño y, quizá, finalmente dejar de soñar.        

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