domingo, 28 de agosto de 2016

UN CURSO DE MILAGROS. 28 de Agosto. LECCIÓN 240


LECCIÓN 240

El miedo, de la clase que sea, no está justificado.

1. El miedo es un engaño. 2Da testimonio de que te has visto a ti mismo como nunca podrías ser y, por lo tanto, contemplas un mundo que no puede ser real. 3Ni una sola cosa en ese mundo es verdad. 4Sea cual sea la forma en que se manifieste, 5sólo da fe de tus ilusiones acerca de ti mismo. 6No nos dejemos engañar hoy. 7Somos los Hijos de Dios. 8El miedo no tiene cabida en nosotros, pues cada uno de nosotros es parte del Amor Mismo.

2. ¡Cuán infundados son nuestros miedos! 2¿Ibas acaso a permitir que Tu Hijo sufriese? 3Danos fe hoy para reconocer a Tu Hijo y liberarlo. 4Perdonémosle hoy en Tu Nombre, para poder entender su santidad y sentir por él el amor que Tú también sientes por él.



2. ¿Qué es la salvación?

1. La salvación es la promesa que Dios te hizo de que finalmente encontrarás el camino que conduce a Él. 2Y Él no puede dejar de cumplirla. 3Garantiza que al tiempo le llegará su fin, al igual que a todos los pensamientos que se originaron en él. 4La Palabra de Dios se le concede a toda mente que cree tener pensamientos separados, a fin de reemplazar, esos pensamientos de conflicto con el Pensamiento de la paz.

2. El Pensamiento de la paz le fue dado al Hijo en el mismo ins­tante en que su mente concibió el pensamiento de la guerra. 2Antes de eso no había necesidad de ese Pensamiento, pues la paz se había otorgado sin opuestos y simplemente era. 3Una mente dividida, no obstante, tiene necesidad de curación. 4Y así, el Pen­samiento que tiene el poder de subsanar la división pasó a formar parte de cada fragmento de la mente que seguía siendo una, pero no reconocía su unidad. 5Al no conocerse a sí misma, pensó que había perdido su Identidad.

3. La salvación es un des-hacer en el sentido de que no hace nada, al no apoyar el mundo de sueños y de malicia. 2De esta manera, las ilusiones desaparecen. 3Al no prestarles apoyo, deja que sim­plemente se conviertan en polvo. 4Y lo que ocultaban queda ahora revelado: un altar al santo Nombre de Dios donde Su Palabra está escrita, con las ofrendas de tu perdón depositadas ante él, y tras ellas, no mucho más allá, el recuerdo de Dios.

4. Acudamos diariamente a este santo lugar y pasemos un rato juntos. 2Ahí compartimos nuestro sueño final. 3Es éste un sueño en el que no hay pesares, pues contiene un atisbo de toda la glo­ria que Dios nos ha dado. 4En él se ve brotar la hierba, los árboles florecer y los pájaros hacer sus nidos en su ramaje. 5La tierra nace de nuevo desde una nueva perspectiva. 6La noche ya pasó, y ahora nos hemos unido en la luz.


5. Desde ahí le extendemos la salvación al mundo, pues ahí fue donde la recibimos. 2El himno que llenos de júbilo entonamos le proclama al mundo que la libertad ha retornado, que al tiempo casi le ha llegado su fin y que el Hijo de Dios tan sólo tiene que esperar un instante antes de que su Padre sea recordado, los sue­ños hayan terminado, la eternidad haya disuelto al mundo con su luz y el Cielo sea lo único que exista.



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INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA 

Ayuda para las lecciones:
de  Robert Perry  y Allen Watson


LECCIÓN 240  -  28  AGOSTO

“El miedo, de la clase que sea, no está justificado”

Propósito: Dar los últimos pasos a Dios. Esperar a que Él dé el último paso.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Tanto tiempo como sea necesario.

  • Lee la lección.
  • Utiliza la idea y la oración para dar comienzo al tiempo de quietud. No dependas de las palabras. Utilízalas como una sencilla invitación a Dios para que venga a ti.
  • Siéntate en silencio y espera a Dios. Espera en quieta expectación a que Él se revele a Sí Mismo a ti. Busca únicamente la experiencia de Dios directa, profunda y sin palabras. Estate seguro de Su llegada, y no tengas miedo. Pues Él ha prometido que cuando Le invites, vendrá. Únicamente pides que cumpla Su antigua promesa, que Él quiere cumplir. Estos momentos de quietud son tu regalo a Él.

Recordatorios cada hora: No te olvides.
Da gracias a Dios por haber permanecido contigo y porque siempre estará ahí para contestar tu llamada a Él.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible, incluso cada minuto.
Recuerda la idea. Permanece con Dios, deja que Él te ilumine.

Respuesta a la tentación: Cuando te sientas tentado a olvidarte de tu objetivo.
Utiliza la idea del día como una llamada a Dios y desaparecerán todas las tentaciones.

Lectura: Antes de uno de los momentos de práctica del día.

  • Lee lentamente la sección “¿Qué es?”.
  • Piensa en ella durante un rato.

Observaciones generales: Ahora, en esta parte final del año que tú y Jesús habéis pasado juntos, empiezas a alcanzar el objetivo de las prácticas, que es el objetivo del Curso. Jesús está tan cerca que no puedes fracasar. Has recorrido una gran parte del camino. No mires hacia atrás. Fija la mirada en el final del camino. No habrías podido llegar tan lejos si no te hubieses dado cuenta de que quieres conocer a Dios. Y eso es todo lo que se necesita para que Él venga a ti.


Comentario

“El miedo es un engaño” (1:1). Cuando tenemos miedo, hemos sido engañados por alguna mentira, porque, puesto que somos el Hijo de Dios y parte del Amor Mismo (1:7-8), nada puede hacernos daño o causarnos pérdida de ningún tipo. Por lo tanto, cuando aparece el miedo, nos hemos visto a nosotros mismos como nunca podríamos ser (1:2). La realidad de lo que somos no está nunca en peligro: “Nada real puede ser amenazado” (T.In.2:2). Es imposible que nada del mundo pueda amenazarnos, “Ni una sola cosa en ese mundo es verdad” (1:3). “Nada irreal existe” (T.In.2:3).

Todas las amenazas del mundo, sean cuales sean las formas en que se manifiesten, sólo dan fe de nuestras ilusiones acerca de nosotros mismos (1:4-5). Nos vemos a nosotros mismos como indefensos, como un cuerpo, como un ego, como una forma de vida física que puede apagarse en un instante. Eso no es lo que somos; y cuando tenemos miedo, eso es lo que estamos pensando que somos. Para que podamos pensar que somos algo distinto -el eterno Hijo de Dios, por siempre seguros en el Amor de Dios, más allá del alcance de la muerte- tenemos que estar dispuestos a aprender que todo lo del mundo no es real. Finalmente tenemos que ver que el intento de aferrarnos a la realidad de este mundo es aferrarnos a la muerte.

Si insistimos en hacer este mundo real, la afirmación de hoy: “El miedo, de la clase que sea, no está justificado” nunca nos parecerá verdad. En este mundo todo puede ser atacado, todo puede cambiar, y finalmente desaparecer. Si intentamos aferrarnos a ello, no se puede evitar el miedo porque el final de aquello a lo que nos aferramos es seguro. El único modo de liberarnos verdaderamente del miedo es dejar de darle valor a todo y valorar sólo lo eterno.

Esto no significa que no podamos disfrutar de las cosas que son pasajeras, que no podamos por ejemplo pararnos a apreciar la belleza de una puesta de sol que sólo dura unos minutos. Pero entendemos que no es la puesta de sol lo que valoramos, sino la belleza que refleja por un momento. No es el contacto con un cuerpo lo que valoramos, un cuerpo que se marchita y se acaba, sino el amor eterno que alcanza y refleja durante un momento. No la forma, sino el contenido. No el símbolo, sino su significado. No los sobretonos, ni los armónicos,  ni los ecos, sino la eterna canción del Amor (Canc.1I.3:4).

Que hoy repita: “El miedo, de la clase que sea, no está justificado”. Y cuando surja el miedo, que recuerde que no hay nada que temer (2:1). Que recuerde que no hay ninguna razón para el miedo. Que mis miedos me recuerden la verdad de que lo que yo valoro nunca muere.


¿Qué es la salvación?  (Parte 10)

L.pII.2.5:2

La salvación no es un mundo material perfecto, sino un estado mental en el que “la eternidad haya disuelto al mundo con su luz y el Cielo sea lo único que exista” (5:2). Cuando entramos en el instante santo con mayor frecuencia, y la visión del “mundo real” que trae, estamos literalmente acelerando el final del tiempo. Las palabras “mundo real” es una contradicción, son dos palabras que se contradicen la una a la otra, pues el mundo no es real. (Ver T.26.III.3:1-3). El mundo real es la meta que el Curso quiere para nosotros y, sin embargo, cuando se alcanza completamente, apenas tendremos tiempo de apreciarlo antes de que Dios dé Su Último Paso, y la ilusión del mundo desaparezca en la realidad del Cielo (T.17.II.4:4). La pesadilla se transforma poco a poco en un sueño feliz, y cuando todas las pesadillas hayan desaparecido, no habrá ya necesidad de soñar, despertaremos.

La salvación es el proceso de transformar la pesadilla en un sueño feliz, el proceso de deshacer las ilusiones, el proceso de eliminar los obstáculos que hemos levantado en contra del amor, en resumen, el proceso del perdón. La experiencia en la que ahora estamos es nuestra aula de aprendizaje. La razón por la que estamos aquí es para aprender la verdad o, más bien, para desaprender los errores. El Curso nos pide que nos alegremos de aprender, y que tengamos paciencia. “No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad” (T.16.VI.8:1-2). Nos aterrorizaría, como un niño de guardería al que de repente le hacen presidente, o un alumno de primer curso de piano al que obligan a dar un concierto de piano en un lugar de mucho prestigio. Cada uno de nosotros está exactamente donde le corresponde, aprendiendo justamente lo que necesita aprender. Entremos, pues, de todo corazón y llenos de gozo en el proceso, practicando nuestros instantes santos, recibiendo nuestros pequeños destellos del mundo real, cada uno asegurándonos de la realidad de nuestra meta y de la seguridad de su logro.


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sábado, 27 de agosto de 2016

UN CURSO DE MILAGROS. 27 de Agosto. LECCIÓN 239


LECCIÓN 239

Mía es la gloria de mi Padre.

1. No permitamos hoy que la verdad acerca de nosotros se oculte tras una falsa humildad. 2Por el contrario, sintámonos agradeci­dos por los regalos que nuestro Padre nos ha hecho. 3¿Sería posi­ble acaso que pudiéramos advertir algún vestigio de pecado o de culpa en aquellos con quienes Él comparte Su gloria? 4¿Y cómo podría ser que no nos contásemos entre ellos, cuando Él ama a Su Hijo para siempre y con perfecta constancia, sabiendo que es tal como Él lo creó?

2. Te damos gracias, Padre, por la luz que refulge por siempre en no­sotros. 2Y la honramos porque Tú la compartes con nosotros. 3Somos uno, unidos en esa luz y uno Contigo, en paz con toda la creación y con nosotros mismos.


AUDIO (en Ivoox) de Loran@ Galindo
http://www.ivoox.com/lecciones-curso-milagros-239-audios-mp3_rf_5310527_1.html



2. ¿Qué es la salvación?

1. La salvación es la promesa que Dios te hizo de que finalmente encontrarás el camino que conduce a Él. 2Y Él no puede dejar de cumplirla. 3Garantiza que al tiempo le llegará su fin, al igual que a todos los pensamientos que se originaron en él. 4La Palabra de Dios se le concede a toda mente que cree tener pensamientos separados, a fin de reemplazar, esos pensamientos de conflicto con el Pensamiento de la paz.

2. El Pensamiento de la paz le fue dado al Hijo en el mismo ins­tante en que su mente concibió el pensamiento de la guerra. 2Antes de eso no había necesidad de ese Pensamiento, pues la paz se había otorgado sin opuestos y simplemente era. 3Una mente dividida, no obstante, tiene necesidad de curación. 4Y así, el Pen­samiento que tiene el poder de subsanar la división pasó a formar parte de cada fragmento de la mente que seguía siendo una, pero no reconocía su unidad. 5Al no conocerse a sí misma, pensó que había perdido su Identidad.

3. La salvación es un des-hacer en el sentido de que no hace nada, al no apoyar el mundo de sueños y de malicia. 2De esta manera, las ilusiones desaparecen. 3Al no prestarles apoyo, deja que sim­plemente se conviertan en polvo. 4Y lo que ocultaban queda ahora revelado: un altar al santo Nombre de Dios donde Su Palabra está escrita, con las ofrendas de tu perdón depositadas ante él, y tras ellas, no mucho más allá, el recuerdo de Dios.

4. Acudamos diariamente a este santo lugar y pasemos un rato juntos. 2Ahí compartimos nuestro sueño final. 3Es éste un sueño en el que no hay pesares, pues contiene un atisbo de toda la glo­ria que Dios nos ha dado. 4En él se ve brotar la hierba, los árboles florecer y los pájaros hacer sus nidos en su ramaje. 5La tierra nace de nuevo desde una nueva perspectiva. 6La noche ya pasó, y ahora nos hemos unido en la luz.


5. Desde ahí le extendemos la salvación al mundo, pues ahí fue donde la recibimos. 2El himno que llenos de júbilo entonamos le proclama al mundo que la libertad ha retornado, que al tiempo casi le ha llegado su fin y que el Hijo de Dios tan sólo tiene que esperar un instante antes de que su Padre sea recordado, los sue­ños hayan terminado, la eternidad haya disuelto al mundo con su luz y el Cielo sea lo único que exista.



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INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA 

Ayuda para las lecciones:
de  Robert Perry  y Allen Watson


LECCIÓN 239  -  27  AGOSTO

“Mía es la gloria de mi Padre”

Propósito: Dar los últimos pasos a Dios. Esperar a que Él dé el último paso.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Tanto tiempo como sea necesario.

  • Lee la lección.
  • Utiliza la idea y la oración para dar comienzo al tiempo de quietud. No dependas de las palabras. Utilízalas como una sencilla invitación a Dios para que venga a ti.
  • Siéntate en silencio y espera a Dios. Espera en quieta expectación a que Él se revele a Sí Mismo a ti. Busca únicamente la experiencia de Dios directa, profunda y sin palabras. Estate seguro de Su llegada, y no tengas miedo. Pues Él ha prometido que cuando Le invites, vendrá. Únicamente pides que cumpla Su antigua promesa, que Él quiere cumplir. Estos momentos de quietud son tu regalo a Él.

Recordatorios cada hora: No te olvides.
Da gracias a Dios por haber permanecido contigo y porque siempre estará ahí para contestar tu llamada a Él.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible, incluso cada minuto.
Recuerda la idea. Permanece con Dios, deja que Él te ilumine.

Respuesta a la tentación: Cuando te sientas tentado a olvidarte de tu objetivo.
Utiliza la idea del día como una llamada a Dios y desaparecerán todas las tentaciones.

Lectura: Antes de uno de los momentos de práctica del día.

  • Lee lentamente la sección “¿Qué es?”.
  • Piensa en ella durante un rato.

Observaciones generales: Ahora, en esta parte final del año que tú y Jesús habéis pasado juntos, empiezas a alcanzar el objetivo de las prácticas, que es el objetivo del Curso. Jesús está tan cerca que no puedes fracasar. Has recorrido una gran parte del camino. No mires hacia atrás. Fija la mirada en el final del camino. No habrías podido llegar tan lejos si no te hubieses dado cuenta de que quieres conocer a Dios. Y eso es todo lo que se necesita para que Él venga a ti.


Comentario

No permitamos hoy que la verdad acerca de nosotros se oculte tras una falsa humildad (1:1).

Una cosa de la que ahora me doy cuenta al hacer el Libro de Ejercicios es que cuando usa las palabras “nosotros” y “nosotros mismos”, no se refiere sólo a nosotros como estudiantes del Curso. La palabra “nosotros” incluye a Jesús. Después de todo, es Jesús quien está hablando a lo largo de todo el libro. Este “nosotros” no es en sentido general. Jesús se está identificando a sí mismo con nosotros, y a nosotros con él.

La “verdad acerca de nosotros” es la verdad acerca de ti, de mí y de Jesús. Al darme cuenta de esto, tengo una sensación de su unión conmigo que nunca antes había tenido. Y veo en todo ello un propósito, centrar toda la atención en la igualdad de él, de mí, y de todos mis hermanos.

Cuando veo señales de pecado y culpa “en aquellos con quienes Él comparte Su gloria” (1:3), los estoy viendo en mí mismo. ¡Eso es falsa humildad! Cuando veo a mi hermano como culpable o pecador es porque yo me estoy considerando a mí mismo de la misma manera, y de ese modo estoy ocultando la verdad acerca de mí. La culpa puede tomar aparentemente una forma santa: “Todos somos sólo unos pobres estudiantes del Curso, débiles y frágiles, que fallamos continuamente” Y esa culpa, esa falsa humildad, oscurece tu gloria y la mía.

Es cierto que todos somos estudiantes, que todos estamos en los peldaños más bajos de la escalera y comenzando a darnos cuenta de todo lo que verdaderamente somos. Es una espiritualidad falsa fingir lo que todavía no estamos sintiendo. Pero es falsa humildad dar importancia continuamente a nuestra debilidad al juzgarnos o concentrarnos en nuestros fallos. Todos tenemos ego, pero también todos compartimos la misma gloriosa Filiación. Necesitamos dedicar tiempo, de vez en cuando, dando gracias por “la luz que refulge por siempre en nosotros… Somos uno, unidos en esa luz y uno Contigo, en paz con toda la creación y con nosotros mismos” (2:1,3).

Aquello que pienso de mis hermanos es lo que pienso de mí. La manera en que veo a mis hermanos es la manera en que me veo a mí mismo.

Parece que es la percepción la que te enseña lo que ves. Sin embargo, lo único que hace es dar testimonio de lo que tú enseñaste. Es el cuadro externo de un deseo: la imagen de lo que tú querías que fuese verdad.   (T.24.VII.8:8-10)

¿De qué otra manera podrías poner de manifiesto al Cristo en ti, sino contemplando la santidad y viéndolo a Él en ella? (T.25.I.2:1). En otras palabras, tú manifiestas al Cristo en ti al contemplar a tus hermanos y ver al Cristo en ellos.

La percepción te dice que tú te pones de manifiesto en lo que ves (T.25.I.2:2).

La percepción es la elección de lo que quieres ser, del mundo en el que quieres vivir y del estado en el que crees que tu mente se encontrará contenta y satisfecha… Te revela lo que eres tal como tú quieres ser. (T.25.I.3:1,3)

Si no oculto la verdad de mi propia gloria, no puedo ocultar la de mi hermano. “Lo que es lo mismo no puede tener una función dife­rente” (T.23.IV.3:4). Si niego la verdad en mi hermano, me la estoy negando a mí mismo. La estoy negando en él porque la estoy negando en mí mismo. Cuando mentalmente me separo de alguien, y le rebajo al juzgarle, estoy viendo únicamente lo que mi mente me está haciendo a mí mismo. Estoy ocultando mi propia gloria, y por lo tanto juzgando a otro, proyectando fuera la culpa. Mi juicio sobre otro puede convertirse en un espejo que me muestra que me he olvidado de lo que verdaderamente soy. Me puede hacer recordar, y elegir de nuevo, recordar mi Ser como Hijo de Dios, “en paz con toda la creación y conmigo mismo” (2:3).


¿Qué es la salvación?  (Parte 9)

L.pII.2.5:1-2

Desde el mundo nos volvemos al santo lugar dentro, entramos en el instante santo, donde nuestras ilusiones desaparecen porque ya no las apoyamos, y empezamos a ver con la visión de Cristo, viendo el mundo real. Y luego regresamos al mundo. “Desde ahí le extendemos la salvación al mundo, pues ahí fue donde la recibimos” (5:1). Esto se repite una y otra vez tanto en el Libo de Ejercicios como en el Texto: alejarnos del mundo de los sueños, entrar en el instante santo, y regresar para darle la salvación al mundo. El Curso no pretende que nos aislemos del mundo, sino que lo salvemos. No nos pide que nos retiremos a una vida contemplativa en un monasterio, sino que nos pide que entremos dentro de ese estado mental que encontramos en la meditación y que ofrezcamos al mundo lo que hemos encontrado.

“El himno que llenos de júbilo entonamos le proclama al mundo que la libertad ha retornado” (5:2). Nuestra sanación interna expresa su alegría en una “canción de alegría”, y esa canción se convierte en lo que llama al mundo a regresar a su libertad. Nada hay tan sanador como una persona cuya cara está radiante de alegría. No se pretende que regresemos al mundo a predicarle una nueva religión (L.37.3:1,2), sino que lo cambiemos con nuestra alegría. Representamos un nuevo estado mental. Como dice el Manual: “Repre­sentamos la Alternativa” (M.5.III.2:6). Salvamos al mundo al salvarnos nosotros.

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viernes, 26 de agosto de 2016

UN CURSO DE MILAGROS. 26 de Agosto. LECCIÓN 238



LECCIÓN 238

La salvación depende de mi decisión.

1. Padre, Tu confianza en mí ha sido tan grande que debo ser digno de ella. 2Tú me creaste y me conoces tal como soy. 3Y aun así, pusiste en mis manos la salvación de Tu Hijo y dejaste que dependiera de mi deci­sión. 4¡Cuán grande debe ser Tu amor por mí! 5Y mi santidad debe ser asimismo inexpugnable para que hayas puesto a Tu Hijo en mis manos con la certeza de que Aquel que es parte de Ti, y también de mí, puesto que es mi Ser, está a salvo.

2. Y así, hoy volvemos a hacer otra pausa para pensar en lo mucho que nos ama nuestro Padre. 2Y cuán querido sigue siendo para Él Su Hijo, quien fue creado por Su Amor y en quien el Amor de Su Padre alcanza su plenitud.


AUDIO (en Ivoox) de Loran@ Galindo
http://www.ivoox.com/lecciones-curso-milagros-238-audios-mp3_rf_5310470_1.html




2. ¿Qué es la salvación?

1. La salvación es la promesa que Dios te hizo de que finalmente encontrarás el camino que conduce a Él. 2Y Él no puede dejar de cumplirla. 3Garantiza que al tiempo le llegará su fin, al igual que a todos los pensamientos que se originaron en él. 4La Palabra de Dios se le concede a toda mente que cree tener pensamientos separados, a fin de reemplazar, esos pensamientos de conflicto con el Pensamiento de la paz.

2. El Pensamiento de la paz le fue dado al Hijo en el mismo ins­tante en que su mente concibió el pensamiento de la guerra. 2Antes de eso no había necesidad de ese Pensamiento, pues la paz se había otorgado sin opuestos y simplemente era. 3Una mente dividida, no obstante, tiene necesidad de curación. 4Y así, el Pen­samiento que tiene el poder de subsanar la división pasó a formar parte de cada fragmento de la mente que seguía siendo una, pero no reconocía su unidad. 5Al no conocerse a sí misma, pensó que había perdido su Identidad.

3. La salvación es un des-hacer en el sentido de que no hace nada, al no apoyar el mundo de sueños y de malicia. 2De esta manera, las ilusiones desaparecen. 3Al no prestarles apoyo, deja que sim­plemente se conviertan en polvo. 4Y lo que ocultaban queda ahora revelado: un altar al santo Nombre de Dios donde Su Palabra está escrita, con las ofrendas de tu perdón depositadas ante él, y tras ellas, no mucho más allá, el recuerdo de Dios.

4. Acudamos diariamente a este santo lugar y pasemos un rato juntos. 2Ahí compartimos nuestro sueño final. 3Es éste un sueño en el que no hay pesares, pues contiene un atisbo de toda la glo­ria que Dios nos ha dado. 4En él se ve brotar la hierba, los árboles florecer y los pájaros hacer sus nidos en su ramaje. 5La tierra nace de nuevo desde una nueva perspectiva. 6La noche ya pasó, y ahora nos hemos unido en la luz.


5. Desde ahí le extendemos la salvación al mundo, pues ahí fue donde la recibimos. 2El himno que llenos de júbilo entonamos le proclama al mundo que la libertad ha retornado, que al tiempo casi le ha llegado su fin y que el Hijo de Dios tan sólo tiene que esperar un instante antes de que su Padre sea recordado, los sue­ños hayan terminado, la eternidad haya disuelto al mundo con su luz y el Cielo sea lo único que exista.



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INSTRUCCIONES PARA LA PRÁCTICA 

Ayuda para las lecciones:
de  Robert Perry  y Allen Watson


LECCIÓN 238  -  26  AGOSTO

“La salvación depende de mi decisión”

Propósito: Dar los últimos pasos a Dios. Esperar a que Él dé el último paso.

Tiempo de quietud por la mañana/ noche: Tanto tiempo como sea necesario.

  • Lee la lección.
  • Utiliza la idea y la oración para dar comienzo al tiempo de quietud. No dependas de las palabras. Utilízalas como una sencilla invitación a Dios para que venga a ti.
  • Siéntate en silencio y espera a Dios. Espera en quieta expectación a que Él se revele a Sí Mismo a ti. Busca únicamente la experiencia de Dios directa, profunda y sin palabras. Estate seguro de Su llegada, y no tengas miedo. Pues Él ha prometido que cuando Le invites, vendrá. Únicamente pides que cumpla Su antigua promesa, que Él quiere cumplir. Estos momentos de quietud son tu regalo a Él.

Recordatorios cada hora: No te olvides.
Da gracias a Dios por haber permanecido contigo y porque siempre estará ahí para contestar tu llamada a Él.

Recordatorios frecuentes: Tan a menudo como sea posible, incluso cada minuto.
Recuerda la idea. Permanece con Dios, deja que Él te ilumine.

Respuesta a la tentación: Cuando te sientas tentado a olvidarte de tu objetivo.
Utiliza la idea del día como una llamada a Dios y desaparecerán todas las tentaciones.

Lectura: Antes de uno de los momentos de práctica del día.

  • Lee lentamente la sección “¿Qué es?”.
  • Piensa en ella durante un rato.

Observaciones generales: Ahora, en esta parte final del año que tú y Jesús habéis pasado juntos, empiezas a alcanzar el objetivo de las prácticas, que es el objetivo del Curso. Jesús está tan cerca que no puedes fracasar. Has recorrido una gran parte del camino. No mires hacia atrás. Fija la mirada en el final del camino. No habrías podido llegar tan lejos si no te hubieses dado cuenta de que quieres conocer a Dios. Y eso es todo lo que se necesita para que Él venga a ti.


Comentario

En la Lección 236 vi que sólo yo gobierno mi mente. Dios me creó libre para elegir escuchar Su Voz, o no escucharla. Así pues, la salvación depende de mi decisión. El mensaje de la lección de hoy es ése, y si esto es verdad, Dios tiene que tener toda Su confianza en mí. A la humanidad se la describe normalmente como débil, llena de dudas, o completamente rebelde. Pecadores y no dignos de confianza en absoluto. Pero si Dios puso en mis manos la salvación de Su Hijo y dejó que dependiera de mi deci­sión (1:3), esa oscura imagen no puede ser la verdad. Si yo no fuera de fiar, si la humanidad fuera tan poco fiable, Dios nunca habría puesto tan enorme confianza en nosotros. Por lo tanto,  “debo ser digno” (1:1). ¡Cuán grande debe ser Tu amor por mí! Y mi santidad debe ser asimismo inexpugnable para que hayas puesto a Tu Hijo en mis manos con la certeza de que Aquel que es parte de Ti y también de mí, puesto que es mi Ser, está a salvo (1:4-5). En resumen: Si Dios confía en mí, yo debo merecerme esa confianza.

No es únicamente mi salvación la que depende de mi decisión: “toda la salvación” depende de ella, porque la Filiación es una. Si una parte permanece separada y sola, la Filiación está incompleta. Sin embargo, Dios ha “puesto a Su Hijo en mis manos con la certeza de que está a salvo” (1:5). Si Dios está seguro de que el Hijo está seguro en mis manos, Él debe saber algo acerca de mí que yo he olvidado. Él me conoce tal como soy (1:2), y no como yo he llegado a creer que soy. La confianza que Él muestra es sorprendente, porque el Hijo no sólo es Su creación sino que además “es parte de” Él (1:5). Dios me ha confiado parte de Su mismo Ser a mi cuidado con la confianza de que mi decisión será: elegir unirme a Su Amor y a Su Voluntad libremente y por mi propia voluntad. Él sabe que al final eso será lo que elegiré y que no puedo elegir otra cosa, pues Él me creó como una extensión de Su propio Amor.

Que hoy elija a menudo pensar en cuánto me ama Dios, cuánto ama a Su Hijo, y como el Amor de Dios a Su Hijo está demostrado al confiar toda la salvación a mi decisión. Que descanse seguro de que el resultado es tan seguro como Dios. Que confíe en la confianza de Dios en mí.


¿Qué es la salvación?  (Parte 8)

L.pII.2.4:2-5

Cuando acudimos diariamente a este santo lugar, echamos una pequeña ojeada al mundo real, “nuestro sueño final” (4:2). En el instante santo vemos con la visión de Cristo, en la que no hay sufrimiento. Se nos permite tener “un atisbo de toda la glo­ria que Dios nos ha dado” (4:3). El propósito del Curso es que vengamos al lugar donde obtenemos esta visión y la llevamos con nosotros siempre, el lugar donde nuestra mente cambia de tal manera que vemos sólo el mundo real, y vivimos la vida como un instante santo continuo y eterno. Ese momento puede parecer muy lejos de mí, pero está mucho más cerca de lo que creo, y en el instante santo lo siento como ahora. Venir repetidamente al instante santo, sumergir nuestra mente en la visión del mundo real, es la manera en que este mundo se convierte en la única realidad para nosotros, el sueño final antes de despertar.

En este sueño feliz, “La tierra nace de nuevo desde una nueva perspectiva” (4:5). Las imágenes de brotar la hierba, los árboles florecer y los pájaros hacer sus nidos en su ramaje, nos hablan de la primavera, del renacer después de un largo invierno. Las imágenes representan la nueva visión del mundo, en el que nuestra oscuridad espiritual ha desaparecido, y todas las cosas vivas están unidas en la luz de Dios. Ahora pasamos de largo las ilusiones, más allá de ellas con paso más firme y más seguro, una visión de eterna santidad y de paz. Vemos y respondemos a “la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desespe­ración, al amor que el ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creó” (L.185.14:1).

Aquí, en la visión del mundo real, oímos “la llamada cuyo eco resuena más allá de cada aparente invocación a la muerte, la llamada cuyo canto se oye tras cada ataque asesino, suplicando que el amor restaure el mundo moribundo” (T.31.I.10:3). Vemos que el único propósito del mundo es el perdón. “¡Qué bello es el mundo cuyo propósito es perdonar al Hijo de Dios!” (T.29.VI.6:1).

¡Qué bello es caminar, limpio, redimido y feliz, por un mundo que tanta necesidad tiene de la redención que tu inocencia vierte sobre él! (T.23.In.6:5)


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